El Tesoro de Guayacán

Un registro que realizamos con los amigos de BiograFolk en Santiago. Muchas gracias a ellos, al tesoro, a los diaguitas y los changos -con las disculpas pertinentes por llamarles pueblos prehispánicos en vez de naturalmente originarios-, a los niños, al canto de las aves al volar, al brillo de la luna en altamar, a la música que quiso enseñarme su canción, a los que pongan en ella su atención, y a la Reina de todos nosotros, la Vida.

Y así

Llegan las canciones, como flores nacidas de semillas que el viento lleva de pueblo en pueblo, de época en época y que entre lluvia y lluvia germinan sin aviso ni permiso en el jardín de la conciencia.

Creaturas simples y extrañas como todo lo vivo misteriosas, indefinibles, llegan y se quedan primero silenciosas luego conversadoras, insobornablemente preguntonas.

Son varios años ya que a este lugar vienen a cantar, en principio por necesidad, luego por placer deber ético y político, al fin por todo eso y más, incluso cosas que ni sé,  siempre mirando hacia la luna; por eso y con su ayuda dejo aquí parte de su huella en medio del camino.

Caseras grabaciones, transcripciones de las letras y acordes en un simultáneo acto de compartir y cultivar ese jardín que son los versos que el viento y la lluvia dejan en la tierra que con paciencia y trabajo, fe y confianza les espera.

Así van llegando, así germinando creciendo y floreciendo, así apareciendo en medio de estas letras.

Buen provecho, amor y libertad.